• ¿Cambios en Marruecos?

    En 2007 tuve la oportunidad de visitar Marruecos, concretamente la ciudad de Marrakech. He de confesar que el viaje fue más turístico que... cualquier otra cosa. Las fotos que ilustran este texto son de ese viaje.

    Para la asignatura Relaciones Internacionales Magreb - Próximo Oriente caen un par de libros de la profesora González del Miño. El breve resumen sobre los cambios democráticos en Marruecos se extrae de "Las relaciones entre España y Marruecos" (Madrid, Ed. Catarata, 2005)


    Desde hace décadas Marruecos vive un proceso de reformas constitucionales e institucionales que pretenden democratizar el país, al menos si atendemos al discurso oficial.

    La cuestión es, ¿ese proceso quiere realmente democratizar el país? ¿Cuáles son sus claves principales?

    Leer resumen

    LAS REFORMAS “DEMOCRÁTICAS” EN MARRUECOS: De Hassan II a Mohamed VI


    El proceso de cambio iniciado por Hassan II

    Hassan II se caracteriza, desde su llegada al poder y durante todo el proceso, por la consolidación y mantenimiento de la Corona, con dos rasgos fundamentales: control y dosificación.

    El monarca, que al tiempo es emir al muminin, o príncipe de los creyentes, posee como soberano atribuciones muchísimo más grandes que las de los monarcas europeos. Su acción es la que controla y condiciona el movimiento de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Desde el enfoque religioso el monarca tiene un poder extenso a la par que simbólico, atribuido por una legitimidad racional, carismática e histórica. En este aspecto no reglado, el religioso, el monarca es cabeza suprema, auténtico hegemón. No obstante, esta doble visión político-religiosa se recoge en la Constitución marroquí, quedando así salvaguardada y legitimada legalmente.

    El proceso de cambio, iniciado en los años ochenta, se canaliza con las reformas constitucionales de los años noventa. Dicho proceso aperturista y en cierto modo democratizador se basó, por un lado, en la necesidad generada por un periodo de conflicto social, en lo endógeno, y por otro, en la nueva realidad mundial, que demanda (de los socios como la UE o EEUU) la apertura y democratización de las sociedades.

    Con todo, lo que ha venido prevaleciendo en Marruecos es el clientelismo, ejemplificado en la institución del Majzén (el almacén), y paralelamente el gran poder y la gran presencia de la Corona en todos los ámbitos de la sociedad, especialmente en lo político y lo religioso.

    En 1992 se inicia un proceso de reformas constitucionales (1992, promulgación de la Constitución; 1996, reformas constitucionales) desde arriba con una finalidad clara: que nada cambie. Hassan II se reservó importantes cuotas de poder, tanto en su figura, como en los poderes de la misma o las Carteras directamente nombradas por la Corona (AAEE, Interior, Justicia, AARR). Hassan llegó a proponer una alternancia consensuada, al más puro estilo canovista, que provocó una coalición de los partidos de la oposición, la KUTLA, contrarios al modelo. Así, en 1996 se inician una serie de reformas, de nuevo lideradazas desde la Corona pero esta vez consensuadas, añadiendo una serie de “viejas reivindicaciones” como la elección de la totalidad del Parlamento por sufragio universal, que sea éste a partir de 18 años, la bicameralidad, la responsabilidad del Gobierno ante las Cámaras y la designación del Primer Ministro por el monarca atendiendo a los resultados de las elecciones. El clima es de consenso y diálogo, y el “juego político de Palacio” de ampliados sus actores, aunque la figura del monarca sigue siendo absoluta e indiscutiblemente privilegiada.

    La tradicional oposición de los partidos políticos a la colaboración con la Corona fue “superada” (esto es, decidieron, pragmáticamente, cambiar de actitud), y finalmente el Majzén, el clientelismo y caciquismo, sumado a las luchas entre e intra partidos, ideológicamente identificables entre socialdemócratas, liberales y islámicos, pero fuertemente atomizados, dan como resultado una alternancia consensuada y no democrática, sino designada por Hassan II. El resultado fue el nombramiento como Primer Ministro del socialista Abderrahman Yussufi.
    Es de rigor matizar que la “alternancia”, como la entiende Hassan II, no se refiere a un cambio de personas o partidos ni mucho menos al cambio del sistema, sino a cambios de nombres y maneras (formas) de gobernar, más acorde con las demandas internacionales actuales, pero siempre al estilo de la Corona, y bajo su cadena.

    El segundo punto de las reformas de Hassan II (siendo el primero lo representado en los actores políticos) se refiere a las consultas populares. Inequívocamente, dichas consultas contribuyen a la creación de cultura democrática en cualquier país, pero en el caso de Marruecos se cuestionan diferentes aspectos, desde su periodicidad, legalidad o transparencia hasta la credibilidad de sus resultados. A este respecto, la propia población marroquí manifiesta una baja cultura política y/o desconfianza tanto en el proceso como en las instituciones, reflejado esto en las altas tasas de abstención o el gran número de votos nulos y en blanco que se registran.

    Así pues, lo que queda perfectamente desprendido es la instrumentalización de todo el proceso por parte de la Corona en función de sus intereses específicos, y no de los intereses del sistema político, del Estado ni, mucho menos, la sociedad marroquí. No podemos olvidar que Marruecos tiene unos índices de desarrollo muy bajos, a todos los niveles.



    La acción de Mohamed VI

    Hassan II murió dejando un proceso de cambios abierto. Su hijo y sucesor en el trono, Mohamed VI, fue visto con esperanza tanto dentro como fuera de su país para liderar y dirigir este proceso en un camino aperturista y democrático.

    Mohamed VI inició su reinado con la intención manifiesta de dar voz y atender las reclamaciones de dos actores hasta entonces nunca escuchados en Marruecos: la sociedad civil y la sociedad económica, al tiempo que se comprometió a luchar contra los grandes déficits sociales, económicos y políticos de su país.

    Una serie de medidas iniciales, entre las que destaca la destitución del Ministro del Interior Basri, alientan a la sociedad marroquí, creando un nuevo vector (Corona-población) y proyectando internacionalmente a Mohamed VI como un hombre dispuesto y decidido a los cambios. No obstante, aunque muchas de las medidas de este primer periodo fueron conciliadoras y aperturistas (como una relativa mayor libertad de expresión/información), no podemos dejar de señalar que Mohamed, lejos de “reinventar” o, más concretamente, limpiar a las viejas figuras políticas (cosa que en parte sí hizo), colocó a personajes jóvenes, directamente afines a él, en numerosos puestos de poder, no siendo descabellado pensar en un nuevo Majdén desvinculado del anterior pero con la misma fuerza.


    Empero, para cualquier transformación y/o transición de Marruecos hacia un Estado con un sistema político más democrático no pasa única ni exclusivamente por la voluntad de hacerlo y la supresión de aquellos que lo impiden. Para que el cambio sea exitoso es absoluta y primordialmente necesario una transformación a nivel económico y social, una superación de los tradicionales obstáculos y deficiencias de Marruecos en dos sectores interrelacionados: el social y el económico. Pero después del primer impulso inicial, Mohammed VI no plasmó sus discursos y acciones iniciales en leyes e iniciativas, pudiéndose hablar actualmente de paralización en el proceso, incluso de cierta regresión de algunos ámbitos.

    El cleavage entre liberalización y democratización (potenciar un proceso sobre el otro), aunado a las reformas tímidas en el entramado institucional y la estructura del Estado o el fracaso de los planes de modernización y mejora de las condiciones de vida de la sociedad han desilusionado al pueblo marroquí, dejando una sensación de continuidad respecto al periodo de Hassan II. Por mucho que Mohamed VI pretendiese convertir a la Corona en árbitro, lo cierto es que sigue siendo la figura que reparte el juego político.

    Las elecciones celebradas en 2002, pese a ser las más limpias y abiertas hasta dicha fecha en Marruecos, en realidad adolecían de fuertes taras democrático-representativas, desde el sobrepeso de las regiones rurales sobre las urbanas hasta la exclusión de grupos islamistas radicales como Justicia y Caridad, con un fuerte apoyo social, pasando por una discriminación positiva a favor de las mujeres de en torno al 10% de los escaños. Del mismo modo no han desaparecido las prerrogativas reales, nombrando Mohamed VI como Primer Ministro a Driss Jettú, personaje no vinculado a los partidos con mayoría parlamentaria.

    De los resultados de estas elecciones también se desprende la atomización del sistema de partidos en Marruecos, con un liderazgo de los islamistas moderados y los socialistas, y la alta tasa de abstención de la población, casi del 49%, y de votos nulos (unos 800.000, sobre el 10% del total).

    No obstante, en la línea de las reformas acometidas, es necesario reseñar la reforma de la Mudawana, el Código de la Familia, que equipara prácticamente en derecho a la mujer con el hombre.

    Finalmente, en el campo de los derechos civiles, la presencia de terrorismo islamista en Marruecos llevó a promulgar la Ley Antiterrorista que recorta, como en otras partes del mundo, derechos fundamentales.

    more
  • 0 comentarios: