• Anti-Antirrelativismo

    Geertz, Clifford, Los usos de la diversidad, Paidós, 1999, Barcelona.

    I

    Clifford Geertz defiende una postura que él bautiza como anti-antirrelativismo; no se ubica dentro de los defensores del relativismo, sino contra los defensores del antirrelativismo.

    Un relativismo extremo podría relativizar, quitándole el peso que se merece, los actos de personajes como Hitler o Stalin, explicándolos en base al contexto histórico, sociocultural, etcétera. Es decir, citando a Montsigne en Geertz, “cada cual considera propio de bárbaros lo que no pertenece a sus costumbres”.

    El antirrelativismo es no menos extremo que el relativismo, y desde esta postura todo aquello que no sea de común denominador con el antropólogo (normalmente occidental, no debemos olvidarlo) será denostado y cuestionado. Así, el hiyah, el pañuelo musulmán, será elevado a la categoría de burka, y todo aquello que choque directamente con la visión del antropólogo, aunque sea estudiado con el mayor de los rigores, será algo negativo.

    La postura anti-antirrelativista se aleja de los “miedos” que provoca el relativismo y las extremas posiciones del antirrelativismo.


    II

    Geertz contrapone dos ejemplos, en citas de autores, de relativismo y antirrelativismo, respectivamente, para mostrar las taras de ambas posturas. Ni relativismo, ni antirrelativismo.

    Mencionando la irrefutable condición del antropólogo (personaje que trata de estudiar del modo más objetivo posible culturas, usos y costumbres ajenas con su grado ineludible de “provincianismo”).


    III – Naturaleza humana

    Geertz se aproxima a la crítica anti-antirrelativista con una revisión a la crítica clásica al relativismo. Desde esta perspectiva crítica del relativismo se hace hincapié en lo natural frente a lo antinatural, desde un obvio sesgo cultural y un enfoque occidental: ejemplificando, el sadismo es natural siempre y cuando los mordiscos sean pequeños. Así, todo aquello se que aleje de lo natural se enfoca como si de una disfunción cultural, una patología grupal, se tratase, simplificando en exceso.

    Otra perspectiva criticada del antirrelativismo enfoca a un hombre común como comparativo y común, normal, basado en ideas, sentimientos y deseos comunes en todos los seres humanos, explicando las diferencias culturales en base a desviaciones de ese común. Geertz nos expone que los antirrelativistas de este enfoque diferencian entre lo natural virtuoso y lo natural vicioso, siendo esto último una desviación de lo natural.

    No falta quien defiende que existe una naturaleza humana común (genética) independiente del contexto sociocultural. Hasta aquí yo estoy de acuerdo, aunque esta corriente habla de los “comportamientos potenciales genéticamente codificados que todos compartimos” como base a la “tendencia a la desviación”, obviando el fortísimo condicionamiento sociocultural sobre las acciones de los individuos.

    Así, como dice Geertz, el miedo al relativismo lleva a la génesis del concepto de “sociedades desviadas”, viciadas de fondo y alejadas de lo natural en las sociedades. Una suerte de anormalidad bajo la cual subyace al auténtica esencia normal y común a todas las culturas.


    IV – Mente humana

    El antirrelativismo orienta desde la perspectiva de la mente humana su crítica al relativismo desde los mismos enfoques: universalidad frente a especificidad, y superlación de lo propio frente a lo ajeno. La diferencia entre el discurso antirrelativista de la naturaleza humana y el de la mente humana radica en que el primero se centra en la desviación social mientras que el segundo lo hace en el pensamiento primitivo (o irracional, ilógico, no cognoscitivo…). Lo preocupante no es el modo en el que los demás se comportan, sino en el que piensan (Geertz, 1999:118). El racionalismo antirrelativista se auto postula así como corriente auténtica frente al profetizado fracaso del relativismo.

    Así, este antirrelativismo basado en la mente humana, como el basado en su naturaleza, deconstruye la alteridad diluyéndola en la universalización del ser humano, colocando a todos los alter alejados del ego en situación de tabula rasa.


    V - Anti-antirrelativismo

    Ante la perspectiva del anquilosamiento, y en defensa del dinamismo innato de la antropología Geertz finaliza criticando al antirrelativismo no su postura contraria al relativismo, sino la simplificación de sus miras, el acorte de sus expectativas, la separación de moral y cultura, estudiando la segunda separada de la primera, siendo la moral algo pretendidamente natural y universal a los seres humanos, traducido en un etnocentrismo occidental del que cualquier alejamiento u orientación diferente (ya no distante) es una desviación.

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