• Boicot a Rosa Díez

    No seré yo el que comulgue con la ideología de esta señora. De hecho, tanto ella como política así como su partido y programa me producen cierta hilaridad. Hasta ayer, también pensaba que un resultado de un escaño en las elecciones generales sería el mayor de los éxito para esta mujer cabeza de un partido sin esencia (hoy, quizá, algunos voten por apoyar).

    También he criticado mucho la actitud de ciertos compañeros de la facultad, gente a la que personalmente no conozco, es decir, no hago migas con ellos, pero con la que he hablado, discutido, y participado en diferentes actos. La mayoría son gente con sus preocupaciones y sus ideas, y una forma personal de afrontarlas y resolver los problemas que ven. Como todo el mundo. Otros, los menos, pero los más ruidosos, son gentuza que piensa que, en base a la permisibidad legal de la facultad, ésta es un terreno anárquico (sin leyes) donde pueden desarrollar su particular visión de la anarquía costra, punki, antisistema o como coño lo califiquen.

    Hoy, diecinueve de febrero, estaba previsto un acto político de Rosa Díez en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Un grupo numeroso de capullos han reventado el acto al grito de "fuera fascistas de la universidad". Los mismos, intuyo, que arengados y enardecidos por Hugo Chávez hace no tanto tiempo gritaban "¡Presidente!" a un tipo que hasta Juen Carlos Monedero ha reconocido que se le ha subido el poder a la cabeza.

    Este grupúsculo, porque en la facultad somos miles más, deciden que la mejor manera de callar las voces con las que no comulgamos es callándolas por medio de la fuerza, no del diálogo. Piensan que reventar un acto es preferible siempre al hecho de callar con la fuerza de los argumentos los discursos que no nos complecen, o con los que estamos manifietamente en contra.

    Desde aquí no puedo sino manifestar mi más enérgica condena al hecho de intentar callar con una violencia de corte soviético a las voces que son contarias, en lugar de atajarlas con el poder de la palabra y la razón. Y manifestar mi vergüenza porque el acto ha sucedido en una facultad que considero mía.

    Dejo aquí la noticia recogida en los medios menos derechistas:
    EL PAÍS
    PÚBLICO

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  • 2 comentarios:

    Yo dijo...

    Siempre son los más fascistas quienes llaman fascistas a aquéllas personas que hacen uso de los derechos democráticos para hacer oír su voz. Pretender acallar a los demás por la fuerza no es más que un síntoma de debilidad: la debilidad que produce no argumentar las ideas u opiniones razonadamente, en la mayoría de casos por carecer de ellas y por no tener la capacidad intelectual mínima necesaria para poder hacerlo. En general, me dan muchísmo asco los políticos españoles; pero más asco aún me producen quienes pretenden derribar un sistema democrático (eso sí, imperfecto) sin aportar soluciones viables que lo reemplacen.

    Me solidarizo contigo.

    Un beso, Hefers y gracias por tu comprensión :)

    Heferstion dijo...

    Siempre se agradece tu presencia ;)